No te he olvidado, es que no encuentro las palabras

En algún momento creí que sabía todo lo que tenía que saber, que poseía el conocimiento del mundo a pesar de no conocer ni siquiera su alcance real. Me creía rey en territorios republicanos, me creía dictador en tierras de libertadores. Supongo que las falsas sensaciones es lo que tiene. Puede que el desconocimiento te de la sensación que tú esperas tener. Esperas.

Ya no sé expresarme. Será la pérdida de práctica dentro del mundo real. Cada vez estoy más cansado de la realidad, cada vez prefiero más la soledad. No hay alma que valga la pena. Ellos intentan atraerme de nuevo al mundo, que es ‘una pena’ que no crea más en su religión, en su secta de estados y mentiras. De dichos y objeciones a mis palabras, esas que me dicen ‘que no sé nada’, ‘que no ha sido el momento correcto’. ¿Y quién dictamina las elecciones? ¿Ellos? ¿Yo? Ni que fueran selectores del destino del mundo terrenal.

Todos creen que la muerte de una sonrisa es el fin del mundo. Que la desaparición de ésta ya empieza a crear un aura oscura alrededor. ¿Por qué desaprovechar sacando a relucir algo tan bello? Desperdiciando veces por algo sin motivo. Lo físico tiene un fin, un desgaste. ¿Por qué desgastar un recurso finito con simples banalidades y aspectos sociales. ¿Para su disfrute? Eso es que solo miran a los ojos. Cegados de brillos espontáneos, creados por elementos externos. Te engañan porque sabes que está controlado por ellos mismos. ¿Te quieres perder en esos círculos? Piérdete. No quiero saberlo. ¿Pero una sonrisa? Una maldita sonrisa es algo involuntario, incapaz de evitarlo sin que explote de alguna manera. La luz no te engañará en una sonrisa, la contraluz no te evitará verla. La oscuridad no podrá esconderla, se escuchará crujir en todos sus formalidades. La voz te dejará saber que sonríe hasta de espaldas, hasta mirando al suelo cuando no puedas levantar el cuello.

Pero todos saben algo más que tú. Y tú sabes que estás equivocado. ¿Eso les convierten en que están más equivocados que tú? ¿O que tu equivocación es la razón de todos sus ‘te lo dije’? Créeme, no estoy aquí para decir que te equivocas, que no tienes razón, que estás haciendo algo mal, que no debes de hacerlo. El detalle que le puedes decir al mundo es que no lo consideres como una ‘carencia’ sino como la opción que es. Hemos tomado nuestras elecciones, votamos para ello en nuestra mente. Pertenecemos al momento que hemos decidido ser, estar y perecer.

Si nos equivocamos, nos equivocamos. Si acertamos, no nos comentarán nada.

Hay veces en las que es mejor perderse, que estar perdido en el mismo punto. Un diseñador se alejará para ver su obra desde otra perspectiva. Un futbolista confiará en su entrenador porque lo ve desde fuera. Un hijo preguntará a su padre porque confía en todo lo que puede decirle. Puntos de vista, vistos desde otros sitios.

Dejar que tengamos los mejores errores, aprenderemos. Dejar que nos equivoquemos, cambiaremos. Y si no lo hacemos es porque no creemos en nada salvo en nosotros mismos. En nuestra vida y mensaje, como otros pastores que saben qué deben de comunicar, que mensaje de altos Señores deben de trasmitir. Nosotros somos nuestros propios dictadores. Nosotros somos los que diluimos el mensaje de Nietzsche a nuestro antojo.

Si me equivoco perdiendo el sentido en este mensaje es porque me he olvidado de estar perdido aquí. De intentar solucionar los problemas a base de textos. De liberarme encerrándome hasta haber limpiado todo el polvo que me cubría. No todo lo posible es viable. No podemos ser todos nuestros sueños. ¿Qué sería de nosotros si ya los cumplimos todos?

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