Vestigios de un futuro fallido.

Las noches son la condena de cualquier alma. Apaga cualquier barrera, cualquier protección. Y sólo somos indefensos animales en medio de depredadores invisibles.

Do, Re, Mi, Fa, Sol, La, Si, Do. Repetíamos eso después de cada pausa. Nos obligaban a tener que seguir el orden. De grave a agudo. De agudo a grave. Aprendimos música y mucho de lo que aprendimos, la mayoría lo han olvidado. ¿Nos quisieron enseñar a vivir o nos quisieron enseñar a aprender? Puede ser lo que tú quieras que sea. Nadie impide soñar, es lo único libre que siempre tendremos dentro de nosotros. Libertad, ¿eh? Bonita palabra para no expresar nada de lo que puede llegar a tener.

Las noches se hacen eternamente largas cuando nuestra mente decide que no hemos pensado lo suficiente en el día de hoy. Nuestro cuerpo entra en un gran letargo de descanso y nosotros sólo podemos despertarnos con causas exteriores o causas que se nos escapan de las manos. Es como si la libertad fuera lo contrario. Que cuanta más libertad es más grande la prisión. Que cuanto más volamos, más nos bloquean los horizontes. Parecemos movernos pero sólo estamos en el mismo sitio. Cosas de la noche, de los sueños, de la mente. Supongo.

He estado aturdido y confuso por las calles miles de veces. Pero nunca como para perder el rumbo de mi destino, de ir al sitio contrario de donde nos esperaban. A veces, buscaba la escusa perfecta para mirar al suelo en vez del cielo, cosa no razonable, pero daba la seguridad que necesitabas para volver a buscar el rumbo. Muerto no estás para mirar al cielo, sigues en la Tierra, sigues en pie, en el suelo donde miro sin despegarme. ¿Se necesita un punto de anclaje? No lo creo. ¿Se necesita que nos mantengamos en el aire? Tampoco. ¿Qué necesitamos?

Buscamos algo que pudimos hacer, algo que vamos a hacer y algo que podremos hacer. La triste necesidad del ser humano en tener algo entre las manos o entre la cabeza y el corazón. Y digo triste por no decir avariciosa. Parece que es necesario pero no obligatoria del momento. Nadie te pide que lo hagas, lo haces porque quieres y no porque lo necesites; y te libres de ese malestar que a lo mejor te puede dar más dolores de cabeza. La vida no es perfecta para traer siempre buenas tempestades.

Pero quien soy yo para dar consejos. Alguien que no duerme por las noches porque tiene miedo de ver el futuro no existente de una historia abandonada en algún libro de estantería o en cualquier banco de parque que no tiene visitas en meses. Imaginando historias que nunca ocurrirán con los nuevos hechos que ya han ocurrido. Con las nuevas experiencias ya vividas, inventado acontecimientos habituales quiméricos sin sentido alguno. Soñando tardes con los amigos olvidados y sin posibilidad de vivir ese tipo de pasatiempos. Recorriendo calles sin sentido ni lógica, entrando a locales donde están todos, donde abrazas a todos y donde lloras por volver a velos. A todos.

¿Qué hice o qué no hice? ¿Qué quise hacer que no hice o que hice que no quise hacer? Preguntas que para mi no tiene cabida, preguntar que para mi murieron en el último instante de pensamiento. Lo triste que nunca puedes llegar a pensar que hay fines que no tienen triste finales, que son alegres; luego ¿qué tiene de gracia el fin feliz si cuando uno disfruta es cuando acaba mal?

Busca, encuentra y sonríe. Nada más. Duerme y no tengas miedo. Descansa. Piensa y serás liberado. Tranquilo. Nadie quiere ser prisionero. Sólo carcelero.